¿Te has preguntado por qué algunos negocios siempre tienen clientes y otros, a pesar de ofrecer productos parecidos, apenas sobreviven? La respuesta muchas veces está en algo que no se ve, pero que lo cambia todo: la Propuesta de Valor.
La Propuesta de Valor es, en palabras simples, la razón por la que un cliente debería elegirte a ti y no a la competencia. No se trata solo de lo que vendes, sino de lo que haces sentir, solucionar o facilitar en la vida de las personas. Es lo que te diferencia y lo que hace que un cliente diga: “Aquí sí quiero comprar”.
Tener una Propuesta de Valor clara es como tener una brújula que guía todas tus decisiones. Te ayuda a saber cómo comunicarte, cómo vender y hasta cómo mejorar lo que ofreces.
Sin ella, tu negocio se pierde en el mar de la competencia, se convierte en “uno más” y corre el riesgo de que los clientes elijan únicamente por precio. Y si el único factor es el precio, tarde o temprano aparecerá alguien que venda más barato y se lleve a tus clientes.
Una Propuesta de Valor bien definida no solo atrae clientes nuevos, sino que hace que los que ya tienes quieran quedarse. Logra que se identifiquen contigo y confíen en tu marca, porque sienten que entiendes lo que necesitan.
1.- Conoce a tu cliente
Antes de pensar en lo que vendes, entiende a quién le vendes. Pregúntate:
“Entregamos café de especialidad en tu oficina en menos de 20 minutos, para que disfrutes tu pausa sin perder tiempo.”
6.- Ponla a prueba
La Propuesta de Valor no es un simple eslogan bonito, es el corazón que hace latir a tu negocio. Sin ella, corres el riesgo de perderte entre miles de competidores; con ella, puedes destacar, fidelizar y crecer.
Definirla requiere observar, escuchar y entender a tus clientes, y tener el valor de decidir qué te hace único.
Porque al final, la verdadera pregunta no es “¿qué vendo?”, sino “¿por qué deberían elegirme a mí?”.
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